"Cuando los imponderables impiden llegar a tierra, el trabajo es un éxito de todas maneras"
Desde el lugar que ocupo ahora, transcurridas 24 horas de mi abandono en el intento de cubrir a nado la travesía Denia-Ibiza, todo es distinto. Desde esta distancia y con la mente fría es más fácil sacar análisis y obrar en consecuencia, y es por este motivo que, sin más dilación, para no dejar que se enfríe demasiado esta vivencia, me he puesto a escribir esta historia, que es la historia de un navegante, de una persona corriente, que disfruta con la vida y con lo que de ella se va extrayendo.La vida puede vivirse de muchas formas y para cada persona hay una chaqueta distinta; el problema de mucha gente es que no encuentra la talla o el tejido adecuado y que, más que vivir, deja pasar los años sin que para él vaya cambiando nada dentro de su interior.
Después de realizar algo como mi intento, la vida cambia, no por crear nuevos temas de conversación con los amigos o por dejar tu cuerpo sumido en el dolor y el cansancio durante un gran número de días, sino por provocar un verdadero cambio interior. Si tuviera que hacer una relación de todo lo que he aprendido en 35 horas de nadar hacia la costa, tal vez este periódico sólo tendría un tema que tratar, o podría escribir un libro(creo que voy a hacerlo). Sin embargo debo sacar al menos un par de conclusiones para poder compartir con todos aquellos que durante esas mismas 35 horas estuvieron mandándome, vía mental, sus mejores deseos desde Ibiza y para las nueve personas que estuvieron velando mi esfuerzo hora tras hora sobre una embarcación en mitad de un camino que nunca parecía finalizar.
He aprendido que las personas podemos hacer todo aquello que nos proponemos y que el límite nos lo ponemos nosotros(yo me los puse a 10 millas de la costa); he aprendido que el mar es enorme, he aprendido que la mente nos controla y dicta nuestros actos y que en muchas ocasiones puede ser muy mezquina para conseguir algo que nosotros realmente no deseamos; he aprendido que hay derrotas que saben casi igual que la victoria; he aprendido que cuando tienes personas a tu lado que te apoyan todo es más fácil; he aprendido a perderle el miedo, que no el respeto al mar; he aprendido que hay personas que sólo conoces cuando llegas a situaciones límite y que te sorprenden por todos lados, en mi caso muy satisfactoriamente, y he aprendido que en el mar no existen las líneas rectas.
El inicio de esta aventura fue fortuito. Simplemente en una conversación hace algunos años descubrí los antecedentes de este reto. Montserrat Tresserres, en 1965 y 1966, intentó, sin conseguir llegar a la costa, realizar lo que yo intenté este fin de semana. De una consulta en los archivos de este periódico pude conocer las crónicas que le hicieron en aquellos años y al leer estos artículos mi motivación se multiplicó por cuatro.
En aquella época, Montserrat era una campeona de natación que, aunque se retiró, estableció el récord mundial de distancia más larga cubierta en el mar, quedándose a quince millas de es Vedrá y habiendo cubierto cuarenta y seis millas de recorrido. Otros de sus logros fueron: cruzar como primera mujer el estrecho de Gibraltar en 1957; en 1958 cruzó el canal de la mancha en 14 horas y 14 minutos(récord femenino amateur); en 1962 récord absoluto amateur en la prueba Santa Fecoronda(río Coronda, Argentina) con 8horas 28 minutos, por delante del anterior récord masculino, y otros muchos que dan fé del gran nivel de esta deportista, y más teniéndo en cuenta que en aquella época era tan raro ver a una mujer hacer deporte de alto nivel.
Actualmente, Montserrat tiene alrededor de 68 años y reside en Madrid. En una visita que tengo que realizar a esta ciudad en el próximo mes de noviembre, es más que probable que me entreviste con ella para mostrarle mis más profundos respetos por su hazaña inacabada en 1965 y por contrastar con ella impresiones después de 33 años de su epopeya.
El mar me fue favorable durante casi toda la travesía y sólo en las últimas millas, cuando más daño podría infringirme, allí mostró su golpe certero. Debajo de la superficie completamente plana se movía una corriente, que, aunque no muy fuerte, me empujaba en sentido contrario al avance; y a pesar de haber realizado un descanso en el barco de una hora(que no tenía previsto en el reglamento), no me dejó ninguna opción. la costa se veía pero todavía estaba a siete millas de ses bledes, y aunque había nadado más de cuarenta no me veía con fuerzas de nadar al menos 10-12 horas más para tocar tierra firme. Alguien me dijo que si hubiera descansado 5 horas en el barco y luego hubiera reprendido la marcha habría llegado, la contestación es fácil: nos habíamos propuesto realizar toda la travesía sin salir del agua o hacerlo un máximo de 30 minutos cada 12 horas si fuera necesario, y esa posibilidad de descansar en una cama durante tantas horas estaba fuera de lo que queríamos hacer. En esas condiciones, descansando subido al barco, la travesía habría sido mucho más sencilla y el resultado diferente. Yo sé que en esas condiciones lo habría conseguido y las personas que estuvieron allí, también, y con eso para mi es suficiente.
Después de estas reflexiones y de tratar los precedentes, sólo me que da contestar a muchas personas que me han preguntado sobre el futuro de este reto.Es fácil pensar que cuando una cosa no se consigue se debe volver a intentar para así sacarse la espina, y que lo contrario demuestra flaqueza. Por mi parte no me ha quedado ni el más mínimo ánimo de revancha, no me ha quedado ninguna espina clavad y para mi ha sido un éxito total. Sin embargo "nunca digas nunca jamás".
Si alguien quiere intentarlo deberá llegar al menos hasta siete millas de ses Bledes para poder mejorar lo acaecido, de momento nadie lo ha conseguido.
Juan José Serra Bonet
es profesor de educación física
Comentarios actuales a la carta:
Azul Azul, el libro que cuenta aquella historia es ya una realidad cumpliendo uno de mis deseos expresados en la carta. No he conocido todavía a Montserrat Treserres. Ya no me dedico a la educación.Sigo pensando igual en la práctica totalidad de las ideas que expone la carta pero quizás, en un futuro no muy lejano, busque otro final a esta historia."Nunca digas nunca jamás" sigue marcando la ambiguedad que quise plasmar en 1996.
La vida da muchas vueltas pero las cosas siempre vuelven a su origen para cerrar círculos. Este año puede que sea el año de cerrar este.
Nada es para siempre
Es importante destacar que este reto cayó en enero de 2006 a manos de David Meca. Los retos acaban cayendo y los mitos muriendo.
ResponderEliminarGenial...
ResponderEliminarHay campeones que no necesitan tocar la meta...
Enhorabuena!
Aunque siempre es mejor hacerlo.
EliminarMuchas Gracias