Ilustrado por Rafael Fernández Herrera

martes, 31 de enero de 2012

CARTEL DE LA PRESENTACIÓN DE AZUL AZUL


  Este es el cartel de la presentación de Azul Azul. El lunes  13 de Febrero a las 20:30 os espero a todos en el Teatro España de Santa Eulalia, calle San Jaime.
  Con la colaboración del Ayuntamiento, al ceder un fantástico espacio como el Teatro España y la confianza depositada en mi por la editorial entrelíneas podréis empezar a descifrar la historia de este libro. Todos los interesados podrán adquirirlo allí mismo y pedirme que os lo firme, si así lo estimáis oportuno. La entrada será totalmente gratuita.
  La presentación será un acto sencillo, se darán algunas pinceladas de la obra, se proyectarán imágenes y se explicará la motivación que he tenido para escribirla.
  Aunque sé que Azul Azul hará "tilín" a mucha gente del deporte no me cabe la menor duda de que todos os sentiréis identificados con un personaje que lucha contra su destino.

   Me encantaría que el teatro se quedará pequeño, lo dejo en vuestras manos.


                                                 Juanjo Serra

sábado, 28 de enero de 2012

El reto Denia-Ibiza a nado

Transcrpción de una carta personal publicada por Diario de Ibiza el 26 de Agosto de 1998


"Cuando los imponderables impiden llegar a tierra, el trabajo es un éxito de todas maneras"
                                                            

 Desde el lugar que ocupo ahora, transcurridas 24 horas de mi abandono en el intento de cubrir a nado la travesía Denia-Ibiza, todo es distinto. Desde esta distancia y con la mente fría es más fácil sacar análisis y obrar en consecuencia, y es por este motivo que, sin más dilación, para no dejar que se enfríe demasiado esta vivencia, me he puesto a escribir esta historia, que es la historia de un navegante, de una persona corriente, que disfruta con la vida y con lo que de ella se va extrayendo.La vida puede vivirse de muchas formas y para cada persona hay una chaqueta distinta; el problema de mucha gente es que no encuentra la talla o el tejido adecuado y que, más que vivir, deja pasar los años sin que para él vaya cambiando nada dentro de su interior.
 Después de realizar algo como mi intento, la vida cambia, no por crear nuevos temas de conversación con los amigos o por dejar tu cuerpo sumido en el dolor y el cansancio durante un gran número de días, sino por provocar un verdadero cambio interior. Si tuviera que hacer una relación de todo lo que he aprendido en 35 horas de nadar hacia la costa, tal vez este periódico sólo tendría un tema que tratar, o podría escribir un libro(creo que voy a hacerlo). Sin embargo debo sacar al menos un par de conclusiones para poder compartir con todos aquellos que durante esas mismas 35 horas estuvieron mandándome, vía mental, sus mejores deseos desde Ibiza y para las nueve personas que estuvieron velando mi esfuerzo hora tras hora sobre una embarcación en mitad de un camino que nunca parecía finalizar.
 He aprendido que las personas podemos hacer todo aquello que nos proponemos y que el límite nos lo ponemos nosotros(yo me los puse a 10 millas de la costa); he aprendido que el mar es enorme, he aprendido que la mente nos controla y dicta nuestros actos y que en muchas ocasiones puede ser muy mezquina para conseguir algo que nosotros realmente no deseamos; he aprendido que hay derrotas que saben casi igual que la victoria; he aprendido que cuando tienes personas a tu lado que te apoyan todo es más fácil; he aprendido a perderle el miedo, que no el respeto al mar; he aprendido que hay personas que sólo conoces cuando llegas a situaciones límite y que te sorprenden por todos lados, en mi caso muy satisfactoriamente, y he aprendido que en el mar no existen las líneas rectas.
 El inicio de esta aventura fue fortuito. Simplemente en una conversación hace algunos años descubrí los antecedentes de este reto. Montserrat Tresserres, en 1965 y 1966, intentó, sin conseguir llegar a la costa, realizar lo que yo intenté este fin de semana. De una consulta en los archivos de este periódico pude conocer las crónicas que le hicieron en aquellos años y al leer estos artículos mi motivación se multiplicó por cuatro.
 En aquella época, Montserrat era una campeona de natación que, aunque se retiró, estableció el récord mundial de distancia más larga cubierta en el mar, quedándose a quince millas de es Vedrá y habiendo cubierto cuarenta y seis millas de recorrido. Otros de sus logros fueron: cruzar como primera mujer el estrecho de Gibraltar en 1957; en 1958 cruzó el canal de la mancha en 14 horas y 14 minutos(récord femenino amateur); en 1962 récord absoluto amateur en la prueba Santa Fecoronda(río Coronda, Argentina) con 8horas 28 minutos, por delante del anterior récord masculino, y otros muchos que dan fé del gran nivel de esta deportista, y más teniéndo en cuenta que en aquella época era tan raro ver a una mujer hacer deporte de alto nivel.
 Actualmente, Montserrat tiene alrededor de 68 años y reside en Madrid. En una visita que tengo que realizar a esta ciudad en el próximo mes de noviembre, es más que probable que me entreviste con ella para mostrarle mis más profundos respetos por su hazaña inacabada en 1965 y por contrastar con ella impresiones después de 33 años de su epopeya.
 El mar me fue favorable durante casi toda la travesía y sólo en las últimas millas, cuando más daño podría infringirme, allí mostró su golpe certero. Debajo de la superficie completamente plana se movía una corriente, que, aunque no muy fuerte, me empujaba en sentido contrario al avance; y a pesar de haber realizado un descanso en el barco de una hora(que no tenía previsto en el reglamento), no me dejó ninguna opción. la costa se veía pero todavía estaba a siete millas de ses bledes, y aunque había nadado más de cuarenta no me veía con fuerzas de nadar al menos 10-12 horas más para tocar tierra firme. Alguien me dijo que si hubiera descansado 5 horas en el barco y luego hubiera reprendido la marcha habría llegado, la contestación es fácil: nos habíamos propuesto realizar toda la travesía sin salir del agua o hacerlo un máximo de 30 minutos cada 12 horas si fuera necesario, y esa posibilidad de descansar en una cama durante tantas horas estaba fuera de lo que queríamos hacer. En esas condiciones, descansando subido al barco, la travesía habría sido mucho más sencilla y el resultado diferente. Yo sé que en esas condiciones lo habría conseguido y las personas que estuvieron allí, también, y con eso para mi es suficiente.
 Después de estas reflexiones y de tratar los precedentes, sólo me que da contestar a muchas personas que me han preguntado sobre el futuro de este reto.Es fácil pensar que cuando una cosa no se consigue se debe volver a intentar para así sacarse la espina, y que lo contrario demuestra flaqueza. Por mi parte no me ha quedado ni el más mínimo ánimo de revancha, no me ha quedado ninguna espina clavad y para mi ha sido un éxito total. Sin embargo "nunca digas nunca jamás".
 Si alguien quiere intentarlo deberá llegar al menos hasta siete millas de ses Bledes para poder mejorar lo acaecido, de momento nadie lo ha conseguido.

Juan José Serra Bonet
es profesor de educación física



 Comentarios actuales a la carta:

 Azul Azul, el libro que cuenta aquella historia es ya una realidad cumpliendo uno de mis deseos expresados en la carta. No he conocido todavía a Montserrat Treserres. Ya no me dedico a la educación.Sigo pensando igual en la práctica totalidad de las ideas que expone la carta pero quizás, en un futuro no muy lejano, busque otro final a esta historia."Nunca digas nunca jamás" sigue marcando la ambiguedad que quise plasmar en 1996.

La vida da muchas vueltas pero las cosas siempre vuelven a su origen para cerrar círculos. Este año puede que sea el año de cerrar este.

 Nada es para siempre



martes, 10 de enero de 2012

La rueda sigue girando




Era de madrugada, noche cerrada, como siempre que mi abuelo se levantaba, aquel día, sin él saberlo iba a ser diferente para la vida de un niño de ocho años que se dirigía a una de sus aventuras preferidas: un día de pesca.
         No eran las cinco de la mañana cuando noté la mano firme  de mi abuelo en el hombro. Como si tuviera un muelle y sin tan sólo desperezarme salté de la cama y me dirigí a la cocina donde ambos desayunamos. Nada tendría de especial ese desayuno de no ser por lo que en ese momento ocurrió. Mi abuelo Vicente puso la leche en una taza amplia, quién sabe si será la misma que ahora se encuentra sobre la campana de mi cocina y que trajera mi bisabuelo de Cuba, de aquellas en las que se tomaba la salsa de navidad. Con mirada atónita pude contemplar como el abuelo empezó a poner cucharadas de azúcar, una, dos, tres, cuatro,…perdí la cuenta.
-Cuantas cucharadas quieres?-me preguntó el abuelo.
-Ya está bien, gracias -le contesté de forma respetuosa pero expectante por el sabor que tendría aquel brebaje.
Empecé a beberme sin rechistar el vaso de leche que hoy, treinta años después recuerdo como si lo tomara en este mismo momento. Terminado el desayuno mi abuelo se dirigió al almacén donde guardaba sus herramientas y aquella bicicleta que todavía hoy se conserva. Colocó aquella vieja caña de bambú que se desmontaba en tres piezas y la anudó con el cordón de un zapato que ya habría tirado por viejo. Colocó una almohada para que  fuera cómodo y me sentó en la parte trasera de la bicicleta.
 Salimos de casa cuando el sol todavía no había salido, el aire del mar de la mañana era frío y nos golpeaba en la cara. Llegamos al faro de Botafoch. Recuerdo perfectamente los caracoles de tierra que llevábamos de cebo y la total perplejidad y entusiasmo con que yo miraba aquel corcho rojo flotando en el agua. A cada picada de los peces el pequeño elemento flotante desaparecía de mi vista provocando una aceleración en mi pulso. Después de varias horas de pesca el botín fueron siete, puede que diez pequeños peces. No importó para entender que aquel día de pesca podía cambiar algo en la forma de ser de un niño.
          Treinta años después, el mismo día que nos dejaste yo me encontraba pescando con mi hija, tu bisnieta de 7 años en el mismo faro de Botafoch con el mismo botín, siete u ocho pescados. Probablemente, dentro de treinta años más, llevaré a mis nietos, tus tataranietos a pescar al faro pero te prometo que esta vez lo haré en bicicleta.

 Cuanta sabiduría en tanta sencillez!

miércoles, 4 de enero de 2012

SE APROXIMA LA PUBLICACIÓN DE AZUL AZUL



 El año arranca como va a ser el resto del año, con intensidad y retos difíciles. En mi caso al 2012 le he pedido un plus de intensidad que no puede pedirse a todos los años.
    Para principios de Febrero presentaré mi primera novela "Azul Azul" después de darle 14 años de vueltas a la perdiz, que se dice pronto. Espero que os guste por que condensa en pocas páginas parte de mi forma de pensar y de vivir. El deporte es el hilo conductor de la historia pero no el único tema del libro, es algo más que un libro sobre una aventura deportiva pero que será del agrado de los practicantes de deporte y de los buscadores de retos. Trasciende el acto físico y se mete de lleno en el pensamiento de momentos difíciles e intensos. Es la historia de un superviviente.
  Para el último trimestre del año puede que me embarque en un viaje personal que podrá originar otro "Azul Azul" con diferente final. La misma historia con diferente desenlace, una nueva vivencia que espero que pueda llegar a estar plasmada en papel. 

 "Una vez marcado el rumbo ya nada podía frenarle"

                                                           Azul Azul