Ilustrado por Rafael Fernández Herrera

jueves, 4 de diciembre de 2014

SOÑANDO CONTIGO?


      
    Esta noche me he despertado sobresaltado a mitad del recorrido del sol por el otro lado del planeta. Estaba soñando o la presión de tus manos en mis dos antebrazos era real?. Fuera en el ámbito que fuera hoy has vuelto a estar junto a mí y no he sentido miedo. Tu presencia va manifestándose desde el día que cambiaste de "zona" pero hoy me han despertado tus manos, una presión firme, decidida y protectora. Estabas junto a mí, en ese trance entre vigilia y sueño que esconde los mayores enigmas de tu presencia.

       En mitad de la noche soñaba con unas vacaciones en una zona de costa, con mis hijos y mi pareja. Recuerdo que había un bebé. Acabábamos de dejar el apartamento donde nos habíamos hospedado y cuando estábamos subiendo al coche para regresar a casa me pareció que me faltaba algo.

       -Creo que me he dejado algo en el apartamento. Comenté a todos y regresé al apartamento a revisar habitación por habitación. Recuerdo que el apartamento estaba pintado de blanco, paredes rugosas e imperfectas y estanterías de obra. Recorrí varias habitaciones sin encontrar rastro de algún olvido y en la última de las habitaciones, sobre una pequeña mesa, un pequeño montón de ropa.  Me acerqué sorprendido por el orden en que se encontraban las prendas, las fui separando una de otra y analizando su extraña colocación. Camisetas y prendas de bebé arriba, otras prendas de tallas mayores más abajo . Estaban plegaditas y limpias, olían a limpio. Me extrañó mucho. La ropa que aparecía perfectamente situada sobre la mesa no era ropa que nosotros hubiéramos dejado allí.

         -Has sido tú la que ha recogido y doblado la ropa? pregunté a la nada que se situaba frente a mis ojos. Una clara presión en mis dos antebrazos, que en ese momento sostenían una de las camisetas del bebé, me dió una clara respuesta. Esta vez no tuve miedo. No me conformé con hacer una única pregunta.

          -Si eres la abuela vuelve a apretar mis manos. Verbalicé otra vez a la nada. No tardó ni un segundo en volver a repetirse la mágica presión de unas manos firmes y decididas. Era ella, no había duda. Salí del apartamento con la ropa en mis manos y antes de llegar al coche donde me esperaba mi familia vino a mí la conciencia, salí de la zona de sueño, no me dió tiempo a contarles el suceso. La nitidez del episodio me obligó a abrir los ojos en mitad de la noche a mitad del recorrido del sol por el otro lado del planeta.

          - Abuela hoy he soñado contigo o te has escondido en un sueño para recordarme que sigues aquí?

                                                                              En Memoria de Pepa d´en Lluc d´Aubarca