Ilustrado por Rafael Fernández Herrera

viernes, 13 de junio de 2014

13.867




Estaba entrando en el último kilómetro de aquella maratón tan especial. Su zancada no era larga, no era fuerte, no era reactiva, no era lógica, era la del cabezota de siempre. No importaba el ritmo. No importaba las arrugas que poblaban todo su cuerpo, ganadas una a una con el paso del tiempo. Solo quería llegar y cumplir, una vez más, el guión que llevaba escrito desde hacía tanto tiempo. Desde aquella madrugada del 9 de junio de 2014, debían ser las dos de la madrugada, minuto arriba, minuto abajo, en la playa de Cala D´Hort de su idolatrada isla de Ibiza donde se había comprometido a poner en su punto de mira aquel  importante reto de correr una maratón a los 80 años.  Saboreó y sufrió todos los kilómetros de aquella maratón de la misma forma que lo hizo con aquel reto azul conseguido 38 años atrás y cuya fuerza le llevó hasta aquel momento. El kilómetro 41 de la maratón, donde el cansancio y dolor deja paso a la satisfacción por la inminente gloria. Quedarían poco más de 10 minutos para terminar una vez más aquel fantástico círculo de vida que esta vez se prolongó 13.867 días más.
El color azul de aquella camiseta con superpoderes guardada en armarios de media vida surgió en la última recta de meta. Faltaban 200 metros como máximo. Todo un pueblo se la entregó en aquel acto de homenaje en la casa del pueblo de Santa Eulalia 13.867 días atrás. Ya era de noche, quedaban muy pocos corredores por terminar pero como siempre le esperaban. Acompañado por sus angeles del cielo. Cada vez fueron más numerosos con el paso de los años y que en muchas ocasiones le quitaron las fuerzas y llenaron sus ojos de lágrimas. Con sus angeles de la tierra que estaban al otro lado de aquella línea de meta tan simple y soñada.  Eran los mismos, tenía el apoyo de siempre, tenía la energía de siempre, tenía el poder de convertir los sueños en realidad. Solo tenía que hacer una cosa: soñarla y soñarla una y mil veces.
            Cruzó la meta, se abrazó a todos, volvió a llorar como un niño. El que siempre fue. Starlight estaba esperándole.
Con este reto cerró otro círculo y abrió otro, porque la vida es un continuo viaje sin descanso, nunca hay que rendirse, siempre hay que luchar. Ya que no pudo ser gigante continuó siendo hormiga.

Juanjo Serra 13.867 días antes
           

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