Piernas acartonadas y oscuridad en declive marcan un día de entrenamiento mañanero. Son las 6h 55 min de una mañana de los primeros días de diciembre y mis primeros pasos están marcados por la oscuridad. Una hora corriendo suave es el objetivo del día. Salgo bastante abrigado aunque al poco tiempo me sobra la ropa y el pañuelo que llevo en mi cabeza protegiéndome del aire fresco del amanecer. Insistente cantar de gallos en la cercanía a las casas de campo que van jalonando mi recorrido. Bosque húmedo y tierra mojada acompañan mis pasos. El silencio y quietud del entorno me alientan y mis músculos poco a poco van tomando conciencia del esfuerzo. El día va entrando rápido, a las 7h 15 minutos el campo aparece ya en toda su inmensidad y los pájaros relevan a los gallos en su frenético aviso del nuevo día. Día repleto de azul, sin nubes y tonos rojizos hacía el este.
No hay comentarios:
Publicar un comentario